Como se empieza a ser coleccionista

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La verdad es que ni sé cómo se empieza con esta práctica, lo que sé es que se empieza, quizás de la manera más tonta, así, sin darte cuenta un buen día guardas un sobrecillo de azúcar de los de los bares, y en ese momento empieza un proceso de recopilación que te hace recorrer todos los bares de la provincia en busca de los sobres más llamativos y nuevos.

Pasa lo mismo con cualquier objeto que se precie, puedes coleccionar tapones de botellas, sellos, estampitas, dedales o botones, cualquier cosa es apta para convertirte en un verdadero coleccionista. Hay personas que coleccionas cosas grandes, como coleccionistas de coches clásicos, de motos antiguas, de lamparitas de noche, de vasos de bares o de muñecas.

Todo un mundo alrededor de las piezas que se pueden coleccionar. Yo soy de los facilones y colecciono envoltorios de chicles, de todos los lugares o países, encontrados en la calle, regalados, comprados e incluso pedidos por internet. Tal es mi afición por estas pequeñas maravillas que tuve que comprar un sistema de almacenaje para poder guardarlos todos, no os creeríais la cantidad de clases de chicles distintos que hay. Por este  motivo me puse en contacto con www.mercamaterial.es y allí compré unos archivadores para poder colocar todos y cada uno de los envoltorios.

Sé que es algo que algún día tendré que dejar esta costumbre que si bien es inofensiva, cada vez que un amigo o conocido sale de viaje le pido el favor de que me traiga un chicle, de donde sea y de la manera que sea, simplemente un chicle.
Tengo envoltorios de todos los rincones de España, de Portugal, Canarias, Italia, Francia, Inglaterra y así un largo etcétera que sería muy largo de enumerar. Mi manía viene de muy pequeño, cuando apenas contaba con cuatro o cinco años, entonces existían los mejores chicles del mundo, jugosos, grandes y con sabor, claro con mucha azúcar, por eso nuestras madres no nos dejaban comerlos tan a menudo como nosotros queríamos, eso si que eran chicles, ahora hay mucha variedad, muchos sabores y diferentes marcas, pero ninguno podrá igualar la calidad de los chicles de antes, esos que te llenaban la boca hasta provocar que no pudieras tragarte ni la saliva, una gozada de chicles, lástima que ya no se vean, porque estoy seguro de que serian el deleite de los jóvenes de ahora.

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